Europa necesita a sus ciudadanos


Éste es un momento crucial
para impulsar desde Europa la articulación de una respuesta conjunta y firme que nos permita hacer frente a las dificultades que atravesamos y demostrar que, juntos, estamos preparados para afrontar los nuevos retos que plantea el escenario actual, utilizando medios que, además, podrían ayudarnos a salir fortalecidos de esta crisis.

Hoy Europa vive un momento crítico. Y precisamente en un momento como éste los ciudadanos debemos recuperar la conciencia y la memoria del esfuerzo realizado por la consolidación de las libertades y del modelo social que hasta ahora hemos tenido, y no olvidar que desempeñamos un papel decisivo en su defensa y en su adaptación a las nuevas necesidades.

Actualmente, la estabilidad de la UE se enfrenta a serios desafíos, entre los que cabe destacar, muy especialmente, la preocupante crisis de productividad, con un PIB per cápita un 24% inferior al de EEUU. Ante esta situación, los ciudadanos no podemos permanecer indiferentes, dando la espalda a una Europa garante de las libertades y el bienestar social que disfrutamos.

Las instituciones europeas necesitan el empuje de sus ciudadanos, no existe otra soberanía que la que emana del conjunto de los ciudadanos europeos. Pero, ¿para qué necesitamos a las instituciones europeas?, ¿de qué nos sirven? Encontramos la respuesta a estas preguntas en la descripción de sus funciones:

El Parlamento Europeo es la voz de los más de 500 millones de ciudadanos europeos (tu voz y la de todos los europeos y europeas), la Comisión Europea debe representar el interés común (el de toda la ciudadanía), el defensor del pueblo europeo tiene como función central atender las quejas de las ciudadanas y ciudadanos de los Estados miembros (nuestras quejas), el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas tiene como principal cometido velar por la aplicación y la correcta interpretación del Derecho comunitario (las normas que nos hemos dado) y, por último, el Tribunal Europeo de Cuentas se encarga de velar por el control y la correcta ejecución del presupuesto europeo (el que se nutre de nuestros impuestos).

A pesar del valor representativo de las instituciones europeas y de la enorme influencia que sus decisiones tienen en nuestra vida cotidiana, muchos ciudadanos las perciben como “entes lejanos, complejos y ajenos a sus preocupaciones”, pero lo cierto es que si vivimos de espaldas a estas instituciones, nos damos la espalda a nosotros mismos.

Una Europa que conozcan y en la que participen sus ciudadanos es una Europa más fuerte y con más capacidad de hacer frente a los problemas que hoy por hoy se presentan.

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