La controvertida economía del arroz: subsidios, ¿a quién benefician?

Crónicas desde Tailandia – Entrega 2

Por Elena Gamallo Gárate

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Pienso cuando pongo la fecha a este artículo en lo rápido que pasa el tiempo y en lo intensamente que podemos experimentar cada minuto cuando estamos inmersos en un proceso de adaptación, descubrimiento y aprendizaje. Ha pasado algo más de un mes desde que llegué a Tailandia, y poco a poco mi proyecto va tomando forma entre el mar de papeles e incertidumbres que me acompañan en todo momento.

“Chohk dee” es una de las primeras expresiones en lengua tailandesa que aprendí al llegar. Significa “buena suerte”. Desde entonces siempre ronda en mi cabeza, quizás consciente de que la cadena de causalidades que vivo últimamente está impregnada de esa deseada magia,  que me hace sentirme libre y plenamente identificada con el compromiso que me trajo a este lugar. Otras expresiones se me resisten algo más: digo gracias cuando quiero decir adiós, o buenos días cuando quiero decir gracias y… en fin, una ya está torpe para aprender idiomas, ¡la academia de thai me espera!

La Universidad de Chulalongkorn, en Bangkok, es de momento mi base de trabajo y aproximación al mundo académico e investigador en Tailandia en lo que se refiere a estudios vinculados al desarrollo y la pobreza. Mi primer intercambio de ideas, altamente enriquecedor, fue con el profesor de economía D. Lewis, quien, interesado en mi línea de investigación sobre la eficacia de las políticas alimentarias para la consecución de la seguridad alimentaria, me planteaba la complejidad de identificar cuál es la política más justa, ¿la que favorece a los consumidores o la que beneficia a los productores?, y me abría la perspectiva política como clave en el análisis de los factores que condicionan las diferentes intervenciones.

Sea como fuere, lo que la realidad nos muestra es que la mayoría de los países intervienen en sus mercados con el objetivo de garantizar la disponibilidad de alimentos, y Tailandia es un ejemplo de ello.

Desde que a mediados de los años cincuenta racionalizara su sistema de control sobre los precios del arroz, alimento básico de su población y entonces principal fuente de ingresos de su balanza comercial, sus instrumentos de política en este ámbito han dado un giro de 180⁰. Hasta principios de los ochenta se apoyaba de forma exclusiva en instrumentos de política comercial para gravar la agricultura en beneficio del desarrollo de la industria, manteniendo “artificialmente” bajos los precios de los alimentos. De esta forma, el Gobierno transfería riqueza del campo a la ciudad, y los productores de arroz recibían precios muy inferiores a los que hubieran recibido sin la aplicación de estos mecanismos distorsionadores. No será hasta principios, mediados de los ochenta, cuando, coincidiendo con la entrada de Tailandia en el GATT, el gobierno plantee un cambio en la política, consciente del fuerte incremento en la desigualdad de ingresos que se estaba produciendo entre la población rural y urbana, y la fuerza que estaban tomando los agricultores como grupo organizado. Esta política, que será especialmente representativa desde finales de los noventa y conllevará también una fuerte intervención del Gobierno,  pasará a gestionarse en favor de los agricultores a través de diferentes esquemas de garantía de precios, que generalmente se fijan por encima de los precios de mercado.

A priori, cabe identificar esta última corriente de políticas con la línea de pensamiento sobre el desarrollo que defiende el estímulo de la agricultura como fuente para el crecimiento, la reducción de la pobreza y la mejora de la seguridad alimentaria. Sin embargo, sus efectos en tal sentido no son claros, pudiendo resultar incluso contradictorios.

Un indicio de estas contradicciones lo encontramos en las manifestaciones de rechazo que en los últimos meses se están dirigiendo al Gobierno desde diferentes organizaciones por el mantenimiento del actual esquema de subsidios vigente desde octubre de 2011.

Este esquema se instrumenta a través de un programa por el que los agricultores, sin límite de cantidad, pueden vender su cosecha de arroz a los agentes designados por el Gobierno a un precio garantizado por encima del precio de mercado (que por los ciclos de producción suele ser bajo en el momento justo posterior a la cosecha). Una vez procesado el arroz pasa al Gobierno que lo almacena para posteriormente venderlo en el mercado abierto. Según fuentes oficiales, para la cosecha 2011/2012 el precio garantizado se fijó alrededor de un 50% por encima del  precio internacional, lo que parece estar  teniendo efectos negativos sobre la cuota de exportación de arroz de Tailandia, que se ha reducido a menos de la mitad respecto al año pasado. Adicionalmente, el elevado coste del programa está siendo utilizado como argumento por el Banco Central para reclamar al Gobierno su suspensión.

Según fuentes del Banco Mundial, en la campaña 2011/2012 el programa habrá beneficiado a 1,3 millones de hogares productores de arroz, que representan el 36% del total de productores de arroz del país. Sin embargo, algunos expertos coinciden en señalar que los principales beneficiados del programa están siendo los grandes agricultores, quedando fuera los pequeños agricultores de subsistencia que concentran los mayores niveles de pobreza.

Se trata de un tema sin duda controvertido y a la vez crucial, que requiere de un análisis mucho más minucioso, por las implicaciones que puede tener no sólo en el futuro de la economía del arroz y el bienestar de la población que depende de ella en el largo plazo, sino sobre la seguridad alimentaria global.

Volveré a él en futuros artículos, tras tener la oportunidad de trasladarme al terreno y conocer de cerca la realidad de la agricultura y la población rural. Mientras tanto, iré compartiendo con vosotr@s otras experiencias que voy acumulando siempre que me regalo unos días de descanso (menos de los que me gustaría)  y pongo mis pies rumbo al infinito.

¡Hasta pronto!

Puedes leer la primera crónica de Elena desde
Tailandia aquí

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Un pensamiento en “La controvertida economía del arroz: subsidios, ¿a quién benefician?

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