Egipto, tres años después de Tahrir

El 25 de enero de 2011 comenzaba a escribirse una nueva página de la historia de Egipto. Un movimiento de protesta popular sin precedentes lograba la caída del presidente Hosni Mubarak y con ello una pretendida ruptura con décadas de autoritarismo político. Sin embargo, en estos tres últimos años el país ha vivido una sucesión vertiginosa y confusa de acontecimientos. En este período, los egipcios han acudido a las urnas en seis ocasiones, bajo tres regímenes diferentes, dos Constituciones han sido redactadas y aprobadas en apenas un año y un golpe de Estado ha devuelto a los militares al poder.

EgyptPhoto: Ramy Raoof/Flickr

A la compleja situación política se ha sumado un escenario socioeconómico muy deteriorado. Los problemas estructurales que sufría el país se han visto notablemente agravados, circunstancia que puede atribuirse tanto a la mala gestión del derrocado Gobierno de Mursi, como a la posición adoptada por las fuerzas de seguridad del Estado, los mandos intermedios y altos del aparato burocrático institucional y los partidos y corrientes de oposición.

En el tercer aniversario de la “Revolución” egipcia, si hay algo que queda patente es que la reconstrucción de Egipto debe hacerse desde muy profundo. En este sentido, no se puede pasar por alto que ninguna de las reivindicaciones reales de aquel 25 de enero de 2011, resumidas en el emblema “pan, dignidad y justicia social”, ha sido satisfecha. En los últimos tres años las condiciones de vida en Egipto se han visto muy deterioradas. Los niveles de pobreza han aumentado como consecuencia de la subida de precios de los alimentos y el incremento del desempleo, particularmente entre los jóvenes. El pasado mes de agosto el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas advertía del aumento de la pobreza y la inseguridad alimentaria en Egipto.

A ello habría que sumar un deterioro progresivo en materia de libertades y derechos civiles y humanos. Según fuentes no oficiales, se calcula que unas 1.400 personas habrían muerto por violencia política y 21.000 personas habrían sido arrestadas desde el golpe de Estado del pasado mes de junio contra el Gobierno de Mursi, la mayoría activistas y estudiantes.

En este escenario de transición política, las ONG egipcias han representado un medio efectivo de seguimiento y control de los acontecimientos, así como una fuerza de presión fundamental frente a los diferentes Gobiernos que se han ido sucediendo. Y ello a pesar de los obstáculos y las restricciones a los que con frecuencia se han visto sometidas. Una sociedad civil independiente en Egipto es esencial para el éxito de la transición política en el país. En este sentido, la cooperación y las ONGD internacionales desempeñan un rol de apoyo fundamental que debe proseguir e intensificarse.

Por Amal Abu-Warda
Fundación CIDEAL en Egipto

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